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Enero, el “agosto” de los productos milagro

11 de Enero de 2018

Los propósitos de año nuevo incrementan las ventas de los “productos milagro”, sobretodo, adelgazantes.

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Recuperarse de los excesos calóricos de las navidades es una preocupación general de la población en enero y por eso, comenzar una dieta, es uno de los propósitos más recurrentes de los ciudadanos cada inicio de año. Este intento de contrarrestar los excesos aumenta significativamente la venta de aquellos productos conocidos como “milagro” que, sin una definición clara, se relacionan con productos que prometen un ideal de salud, estética y/o bienestar a corto plazo y sin esfuerzo, un milagro, vamos.
 
En el caso de los productos milagro relacionados con la dietética, su venta se ampara bajo la adscripción a términos legales como “complemento alimenticio” que en nuestra legislación se reconocen en el Real Decreto 1487/2009 como “los  productos alimenticios  cuyo fin sea complementar la dieta normal y consistentes en fuentes concentradas de nutrientes o de otras sustancias que tengan un efecto nutricional o fisiológico […]”. o bajo el término "sustitutivo de una dieta o para el control de una dieta" según lo establecido en el Real Decreto 1430/1997, de 15 de septiembre, por el que se aprueba la reglamentación técnico-sanitaria específica de los productos alimenticios destinados a ser utilizados en dietas de bajo valor energético para reducción de peso.
 
Los problemas de los productos milagro de dietética que se ampara bajo estas formas legales, son, por un lado, la atribución de propiedades milagrosas a los ingredientes que contienen basados en pseudociencia o en estudios con metodologías poco rigurosas, y por otro, su publicidad. La agresiva publicidad con la que se anuncian suele basarse en testimonios de personas satisfechas con el producto y suelen cumplir estos dos formatos:
 
  • Los testimonios “reales”, es decir de personas de la calle, como el resto de la población, cuya experiencia con el producto supuestamente ha sido excepcional, mostrando una gran diferencia de imagen y de peso entre el momento en el que comenzaron a usar el producto (el “antes) y tras la finalización del tratamiento poco tiempo después (el “después”), haciendo sobretodo hincapié en su discurso en la manera fácil y cómoda con la que se han alcanzado los sorprendentes resultados.
 
  • Los otros testimonios de reclamo se basan es sustituir el testimonio de estas personas “reales” por los de algún personaje famoso o “influencer” cuya imagen, profesión, actividad y/o estilo de vida esté de moda y sea muy seguido, sobre todo en las redes sociales y que use o recomiende tal o cual producto.
 
Antes de comenzar una dieta de pérdida de peso  es recomendable evitar el uso de productos milagro y en su lugar tomar conciencia de los hábitos de vida que nos están llevando a subir de peso paulatinamente, para inmediatamente intervenir para cambiarlos a poder ser con ayuda profesional. Además, el de sobra conocido nutricionista, Juan Revenga (del Blog “El Nutricionista de la General”), advierte que otro peligro asociado al uso de productos milagro y amparado por diversos estudios fiables que lo avalan, es el hecho de que el uso de estos productos de dietética es “a la larga contraproducente para los intereses de las personas que se deciden en un momento a utilizarlos.[…] los usuarios que recurren a estas “soluciones” obtienen de su subconsciente una respuesta “liberadora” que se traduce en una mayor indulgencia a la hora de realizar aquellas elecciones dietéticas menos indicadas para sus propósitos.”Es decir, el usuario se desinhibe en su responsaibilidad de control de la alimentación al llevar a cabo la dieta y se la cede al producto adelgazante.
 
Por nuestra parte, las administraciones públicas, debemos concienciar a los consumidores en general, en la línea de los contenidos que se trabajan en los Centros de Formación para el Consumo, de que para alcanzar el peso, la imagen o el estado de bienestar deseado, es preciso un cambio de hábitos, tanto de alimentación como de actividad física, motivados por una mejora en la salud y no por la presión de estrategias publicitarias que nos incitan a pensar que basta sólo con tomar un supuesto "complemento o sustitutivo alimenticio" con propiedades sin demostrar para alcanzar el ideal de belleza del momento actual.
 

 

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